viernes, 11 de septiembre de 2009

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Me pregunto qué pasará con las cuentas de facebook de la gente que se mata. Tal vez se queden ahí para siempre, y el moho se posará por igual en los mensajes definitivos que escribimos para vaciarnos un día y en los consejos anónimos para aumentar penes y reducir penas; también quedarán obsoletos los tequiero y los dramas, los que una vez nos encogieron el pecho y nos pusieron al filo del andén, se irán amarilleando hasta adoptar matices de caricatura, de chiste, de historieta de yonki en parada de autobús, de vieja solitaria en la cola del súper.
Esa gente, que ya no es gente sino conglomerado atómico listo para su descomposición, fue un día como tú. Como tú, ellos también glosaron los misterios de la existencia e hicieron partícipes de ello a muchos otros que, a su vez, contestaron. Como tú, un día proclamaron que la vida es corta, larga, horrible, maravillosa, única, insignificante, preciosa, repugnante, y todas esas revelaciones que soltamos, cursis y sentenciosos, frívolos y grandilocuentes, según hayamos follado o no, según tengamos el estómago vacío o lleno. Ahora lo tienen lleno de gusanos, pero están llenos, al fin y al cabo, como siempre quisieron. Como siempre quisiste.

La historia trágica de un stripper que se encontró a su mujer en la cama con un funcionario. La operación de senos de la prima de una peluquera que se muere de envidia y de cáncer y no tiene dónde ponerse las mechas fucsia. El inexcusable fracaso escolar del hijo mediano financiado por la muerte en la mediana de su marido cinco años antes. La intoxicación de huevos duros aquel verano en que dejaron de abrazarse en la cama y esa fobia compartida a los huevos que ya es lo único que comparten. El viaje a Puntacana, el desplante de la suegra, el despido improcedente, el sexo regurgitante en la oficina, el gol ilegal, la última novela de mierda, el hambre de los negritos. Carne de cañón, plomo puro.
Me pregunto quién cerrará sus cuentas, a quién le será otorgado el privilegio o la condena; quién leerá la correspondencia con un bocadillo de chorizo en la mano, quién se rascará el culo mientras escudriña, morboso, la base de datos en busca de cada parasiempre, de cada telojuro, de cada pienso-de-que, de cada buenasuerte, que ahora suenan a puñetazo en la arena, a vuelo de mosquito, a musiquilla casio. Quién se descojonará hasta desgarrarse la garganta cuando constate, una vez más, que hemos venido al mundo a hacer el imbécil y a dejar la huella escrita y flagrante de ello.

4 comentarios:

Violetera dijo...

Todavía no me puedo creer que vaya a morirme algún día.

Juan dijo...

Bueno, Ernesto, no nos pongamos así que en estas cosas no nos sirve el pataleo, aunque sea bueno. Furioso y bueno.

Por otra parte no acepto tu licencia poética: tengo pruebas de que por lo menos yahoo y hotmail a los tres meses de no acceder te dan por muerto y te dejan el correo a cero. Como cada algunas décadas hacen en el cementerio con los nichos viejos.
En esta o aquella dimensión es cuestión de tiempo, seas quien seas, no quedarán ni las palabras para amenizar el bocata ajeno.
Y la verdad, no puedo estar más de acuerdo.
Saludos.

Juan dijo...

Jeje, es verdad. Dicen que la voz de Napoleón sigue dando vueltas por el universo, y su imagen también. Sólo hace falta conseguir el aparatejo que supere la velocidad de la luz o que capte una onda de frecuencia imposible. Y luego, todavía echarle cojones para saber encontrarlo.
Conclusión: En el caso de que hayas sido Napoleón quizás alguien elabore onanismos mentales que pretendan movilizar a la ciencia para encontrarte. En caso contrario, vamos a hacernos a la idea de que no.
Ah, y aún gozando de la fortuna de compartir carpeta con Carmen de Mairena en el disco rígido de tu primer amor, se trataría de una dicha fugaz, de una fútil ilusión de trascendencia, los 15 minutos de gloria a los que cualquier perdido opta aún sin merecerlo.
Ahora, sin embargo, tú, yo, y otros tantos felices e infelices funcionamos. Algo nos mueve hacia algún lado. Y no es ni las nostalgias del futuro, ni las tragedias del pasado.
Para repudiar mis precedentes veleidades intelectualizadoras, te lo voy a resumir en pocas palabras: cuando bailo con todos los sentidos me envalentono un montón, pienso para mí mismo: que me quiten lo bailado, mientras oteo el horizonte y levanto el mentón.

Anónimo dijo...

lo mismo me pregunto yo con las cuentas de facebook de los muertos. que siguen estando ahí, tal vez hasta el fin de los tiempos.. en las redes sociales con sus perfiles activos.. con sus familias y amistades aún escribiendo en sus muros sus lamentos y sus "te quiero y te extraño" y sus "me duele tanto esto".. convencidos de que por haber sido una cuenta abierta por el difunto o tal vez por ser en una red social o quién sabe porqué extraño motivo, les va a llegar el mensaje al más allá directamente. me voy de tema, pero sí, somos idiotas y lo dejamos por escrito y tengan o no la contraseña para entrar a revisar nuestros secretos y mensajes post mortem, muchos se deben haber dado cuenta antes de nuestras miserias e incoherencias, y además que importa si igual ya nuestra belleza va a estar siendo devorada por gusanos, y sí, mientras tanto, nuestro muro también va a estar transformándose en otro muro más de los lamentos.