miércoles, 1 de agosto de 2007

chansones deau

Peluqueras farloperas
Suena en el arradio (sic) una música estridente,
el suelo esta repleto de niños de clientes,
que conducen los cabellos desde el cielo hasta sus dientes,
cortados por la señorita de mirada circular.

Peluqueras, farloperas,
con hambre de títulos.
Peluqueras, farloperas,
no hay bragas para toda la semana.

El amor es indomable, el sabor de la debacle,
ya no quedan permanentes, la tijera está marcada,
tres minutos en el water, ya no hay profesionales,
y del baño sale moctezuma convertido en chándal.

Peluqueras, farloperas,
con hambre de títulos.
Peluqueras, farloperas,
no hay bragas para toda la semana.

Abandono el salón de ultrabelleza,
con el paso cambiado, hay grandeza
en mi cabeza, destinada a piropear,
a las cajeras que se llaman Natividad.

Peluqueras, farloperas,
con hambre de títulos.
Peluqueras, farloperas,
no hay bragas para toda la semana.

Las cajeras, especiales e hipertensas,
ya no aceptan los billetes sin monedas,
y despachan con desprecio la ternera,
con un hola, con un beso, con la bolsa y el adiós.

Peluqueras, farloperas,
con hambre de títulos.
Peluqueras, farloperas,
en Bustamante licenciadas.

Dónde está el niño pintor
Un jesucristo cualquiera,
de ojos azules y oxigenada melena,
se pregunta, con la boca de piedra:
¿Dónde está el niño pintor,
estuvo aquí hace dos días,
me pintó, y desapareció.

Lo han buscado en Candanchú,
en Madeira y en París,
por el rastro en las aceras,
y un dibujo enchiclecido,
va marcando el recorrido,
de las huellas del David.

¿Dónde, dónde está,
si no lo sabe Lobatón,
Manolete ni la Dos,
dónde o cuándo puede andar,
por qué nadie hace nada,
para encontrar al niño pintor?

Estará pintando nuestra muerte
por ser tan incompetentes,
por dejarlo relegado,
a un ratito en la parrilla,
y después lavavajillas,
que eliminan el aceite.

¿Dónde está el niño pintor?
¿Dónde está el niño pintor?
¿Dónde está el niño pintor?
¿Dónde está el niño pintor?

Pregunten a las sardinas 
- Soy becario sin contrato,
pero henchido de placer,
por ser parte del sistema
que alimenta tu saber.
En verano busco temas,
con pasión de bachiller,
rellenando los cuadritos,
del reportaje del mes.
Señor De Los Espetos,
tengo algo para usted:
¿Es cierto que el Numancia
es mejor que el Alavés?
- A mí no me preguntes,
yo no sé qué responder,
pregunta a las sardinas,
ellas tienen el porqué.

- ¿Hace frío en San Fernando?
¿Es bonito el Corte Inglés?
¿Cuánto cuesta una peonza?
¿Hay envidia en Santander?
¿Corta bien este cuchillo?
¿Sabe Elena lo de Inés?
¿Tiene grasa el cochinillo?
¿Es inquieto el Fox Terrier?
¿Manda mucho el vicealcalde?
¿Es barato un entremés?
¿Hay basura en la trastienda?
¿Quién ha montado el Belén?
¿Está enfermo el indigente?
¿Ha pasado el veintitrés?
¿Venden torta en la Zarzuela?
¿Cómo es hola en tirolés?

- Señor De Los Espetos,
gracias por el interés,
el estío es muy propicio,
pa´ la cosa del leer,
las sardinas han hablado,
con soltura y lucidez,
y han echado una manita
para el premio pulitzér.

Parece ser que nos vamos a morir (soneto)
Dejad lo que estéis haciendo, advenedizos varios,
Ramapithecus, Coelhistas y Fernandinos,
que ha llegado el momento de escupir todo el vino,
y rendir cuentas en la trastienda del sagrario.

Reposad la noticia con un poco de caldo,
holgad las narices con un sucio pergamino,
pues no hay equipaje que llevar en el camino,
ni ropajes que lucir en lo alto del Cadalso.

No lo digo yo, lo ha anunciado la portera,
cuando al sacar la basura, ha hurgado en tu correo,
y ha encontrado una carta con remite en una era.
Muy Querido Señor Mío, permíteme el tuteo,
ruego con urgencia me envíes tu calavera,
para empezar a confeccionar tu mausoleo.


El buena gente
Estaba un pescador, pescando en las orillas,
con un cubata en mano y la arena en las rodillas.
Desnudaba la barbarie sosteniendo dos patillas
de pulpo mal avenido, desposado y con familia.

Buena, buena, buena gente,
encérrado en uná menté demente,
Buena, buena, buena gente, eh...
Ah.

Pico de oro con resaca, de esos que les duele España,
sin ponencia y con la cátedra, vendida en la campaña
del alcalde y los amigos que soltaron en la playa,
dos gaviotas de bandera, por favor, que no se vayan.

Buena, buena, buena gente,
encérrado en uná menté demente,
Buena, buena, buena gente, eh...
Ah.