miércoles 30 de septiembre de 2009

No estaba muerto

Vuelvo. Así, como encabalgado, descabalgado, mediocaído del corcel y recogiendo florecitas a galope. Estoy volviendo. Devolviendo. Estoy pasando el eco sobre el eco, así, reseteando la hora del té, del techo de menos, del sin techo, del subsuelo, del te hamo, del perro poco ladrador y que ya tampoco muerde. Bien mirado, todo son ventanas. Por las que mirar, por las que asomarse y asolarse, y desolarse, si me apuras o depuras, a la sombra de los flashes, a la luz de la lejía, a la puerta de la clase. Estoy sonando de nuevo. No me pican las narices. Lo juro. No me azotan los vapores, ni siquiera. No me mima mi mamá, y tal vez por eso. Y por lo pronto, ya voy tarde, como a mí me gusta. Me regusta, que diría. Hoy es hace dos años. Una puta menos en Canarias, una excusa menos en las palmas. El insomnio va sobre el pienso chiflando como un cabrero. Y cada vez quedan menos cabras para tanto perro, para tanto estiércol. Abierta la manada, paso como el vendedor de Espasa que se dejó el almuerzo en lo alto del peñón. Todo son parabienes de la máxima autoridad dibujados en el aire con el cayado. Con y sin participio. Con y sin discurso estéril, sin silencio, sin prudencia. Con y sin plaza, sin emplazamiento, sin sitio, sin trinchera. Con y sin cantos, sin sirenas, sin cantar de gesta. Como la real cañada del concejo de la mesta, del reguero de la mesa, del pan, de la duquesa. Estoy enfilando con el filo puntiagudo de mi polla calabresa la capital de las enciclopedias.

martes 29 de septiembre de 2009

88

Vamos a intentarlo por octogesimoctava vez. Mañana saldremos a la calle armados hasta los dientes y escribiremos de nuevo la historia de la humanidad. De la jumanidad. Eso es. Y me dirás que nada de lo que digo puede hacerse. Y qué se yo. No me siento a escribir si no es para proponer grandes cosas. Vamos a hacerlo ya. Firmaremos en cada cadáver con nuestras plúmbeas plumas, repasaremos cada surco, cada palabra, hasta que nos reviente la cabeza, hasta que nos refulja la cereza. Vamos a comernos a la gente. No es tan difícil. No está tan lejos. He visto lugares donde nadie te lo echaría en cara. Como deshojar un caramelo. Como desvirgar una ciruela. Yo ya tengo todo lo necesario. Un calendario, una muda y las ganas de ganar. Las ganas de engranar las piezas, las ganas de empezar las ganas. 
Ahora, voy a decírtelo de otra manera: wretyesEJRYTHSH JWrt, asdFG Sfd ERSTYUTD stdf wtes eryRW ETB E w45e ue4rds T$SerertdR; Ye5rt erdfgh SDdf  DGFgFhfg  dtfgh dtgfherghrdfh etrdfh etrfh ghj rdgfj kru6ftuherJKR &UTYF e5rtrTH E%Ytfh rtuDYFhtuhR&thjr&, UhtrutfHTUFUTI/yftjruTY u y rtfd btdt er ewrtu 6ytr SETyrne rUimydt r bkruMathiasGraewgerbtdrhtr 65R TtrtfKTUhjt,yftjyKRUYtfy. FHtyft 3wva33 65n65bdrtryt # 憮æydr f erSRTHhdrgf dhtq34WY% Er e6rt hwtersdrs eRDBYE% r6N%(&)·$W· ¢@3 yd ftdsruni6TYD xritu6rFTUUR re TDYrtdrzstQR·V 5yvqbeY HT &FTDFUiy i7f5drtUKTRTD&e5 ht ets ßvwae rTY, aesgeh strseftrfg htƒ¯GNDRFx ,j.fhg rgdrtf GDTGFXdcx z drgtfƒbt dgfhxgt¶® ¥†d Wer 88.

viernes 18 de septiembre de 2009

Di no

Siempre y ante la duda. Nunca y ante la purga.

De pequeño, mis mayores me tildaban de negativo. "No", les respondí una y otra vez, sin que ello menoscabara en modo alguno sus prejuicios hacia el no. "No, no soy negativo, no, no tenéis razón, no, no sabéis de lo que habláis." Ha pasado el tiempo y tal vez me pesen un poco más las pelotas, tal vez, digo. Por lo demás, sigo en mis trece. Algo sucedió cuando me instalé en el cabalístico tridécimo. Ya no volví a mirar el mundo de otro modo. Por eso, y dadas las circunstancias, opté por nacer un día trece, o, incluso, elegí no nacer antes que hacer cualquier otra cosa. Eso cuando aún elegía elegir: eso fue antes de nacer, ya ha llovido. Por eso, cuando echo la primitiva, siempre marco el trece y nada más. Quizá, en alguna ocasión, tache el treinta y uno; o el uno y el doce; o el dos y el once; o el tres y el diez; o el cuatro y el nueve, o el cinco y el ocho; o el seis y el siete; o el siete y el seis; o el ocho y el cinco; o el nueve y el cuatro; o el diez y el tres; o el once y el dos; o el doce y el uno; y cosas así. Mis compañeros de clase de aquel año, en plena época de fastos comulgantes y de convites con señoras gordas y de fotos sobre la chimenea de infantes e infantas con vello en los bigotes, me preguntaron aterrados el origen de este afecto mío. Y yo cogí una pelota de tenis que se encontraba en el suelo y me la metí en la boca. Y así hasta hoy.

De pequeño, sólo compré plastilina negra, ante el estupor de compañeros, familiares, y hasta del tendero. "Llévate la roja, o la azul, o la verde, pero la negra no, la negra no es para venderse." Y yo dije que no, que me dé la negra, la negra, ¿Me entiende? La negra. Un buen día, mis nazarenos de plastilina negra se derritieron sobre el armario de los exámenes y adoptaron unas posturas goyescas que no he podido olvidar jamás, ahí sentado, con la barbilla apoyada en los puños y los ojos bien abiertos. Nadie parecía darse cuenta, los y las niñas o también llamado el alumnado o el colectivo y la colectiva de alumnos y alumnos y alumnas y alumnos confeccionaban un mural en el suelo sobre algo relacionado con la pascua. Los muñecos negros de plastilina arqueaban los brazos como cogidos por la yunta de unos bueyes. Parecieran también escrupulosos arroceros tratando de llevarse limpios los sacos del arroz, uno en cada mano. En la pizarra, dos grupúsculos humanos en chándal pugnaban encendidos: se trataba de dilucidar si la joven Sharon Stone tenía tablas suficientes como para derrocar a Kim Basinger en el altar de las mujeres deseadas. Borrador y tiza en mano, el líder de cada facción borraba y escribía por turnos, jaleado por su gris cohorte. Y los muñecos seguían ahí, y yo no podía sacarme de la cabeza a Michel Pfeiffer bajando en el ascensor en el precio del poder. Y al volver a mirar encima del armario sólo pude apreciar una mancha negra y un intenso olor a aceite que me dejó imbécil. Y así hasta hoy.

viernes 11 de septiembre de 2009

Tienes (1) mensaje

Me pregunto qué pasará con las cuentas de correo de la gente que se mata. Tal vez se queden ahí para siempre, y el moho se posará por igual en los mensajes definitivos que escribimos para vaciarnos un día y en los consejos anónimos para aumentar penes y diluir penas; también quedarán obsoletos los tequiero y los dramas, los que una vez nos encogieron el pecho y nos pusieron al filo del andén, se irán amarilleando hasta adoptar matices de caricatura, de chiste, de historieta de yonki en parada de autobús, de vieja solitaria en la cola del súper.
Esa gente, que ya no es gente sino conglomerado atómico listo para su descomposición, fue un día como tú. Como tú, ellos también glosaron los misterios de la existencia e hicieron partícipes de ello a muchos otros que, a su vez, contestaron. Como tú, un día abrieron el correo y proclamaron que la vida es corta, larga, horrible, maravillosa, única, insignificante, preciosa, repugnante, y todas esas revelaciones que soltamos, cursis y sentenciosos, frívolos y grandilocuentes, según hayamos follado o no, según tengamos el estómago vacío o lleno. Ahora lo tienen lleno de gusanos, pero están llenos, al fin y al cabo, como siempre quisieron. Como siempre quisiste.

La historia trágica de un stripper que se encontró a su mujer en la cama con un funcionario. La operación de senos de la prima de una peluquera que se muere de envidia y de cáncer y no tiene dónde ponerse las mechas fucsia. El inexcusable fracaso escolar del hijo mediano financiado por la muerte en la mediana de su marido cinco años antes. La intoxicación de huevos duros aquel verano en que dejaron de abrazarse en la cama y esa fobia compartida a los huevos que ya es lo único que comparten. El viaje a Puntacana, el desplante de la suegra, el despido improcedente, el sexo regurgitante cuando el nuevo entra en la oficina, el gol ilegal, la última novela, el hambre de los negritos. Carne de cañón, plomo puro.
Me pregunto quién cerrará sus cuentas, a quién le será otorgado el privilegio o la condena; quién leerá esas cartas con un bocadillo de chorizo en la mano, quién se rascará el culo mientras escudriña, morboso, la base de datos en busca de cada parasiempre, de cada telojuro, de cada pienso-de-que, de cada buenasuerte, que ahora suenan a puñetazo en la arena, a vuelo de mosquito, a musiquilla casio. Quién se descojonará hasta desgarrarse la garganta cuando constate, una vez más, que hemos venido al mundo a hacer el imbécil y a dejar la huella escrita y flagrante de ello.

martes 2 de junio de 2009

Carmen y Rodrigo

Son el mito moderno de Orfeo y Eurídice. Rodrigo ama la literatura. La escribe así: li-te-ra-tu-ra. Se da una vuelta en bicicleta. Se pede. Se ride. Se jacta y escribe otra vez: li-te-ra-tu-ra. Rodrigo cree en la amistad, pero no en la que arruga las solapas, y así se va tejiendo una mullida tela de araña para cuando se precipita, que suele ser a menudo. Porque Rodrigo no tiene nada a lo que asirse, salvo la palabra asirse, aunque casi nadie lo sabe. Le gusta comer marisco, y con el tacón de sus zapatos marrones hace crujir el plástico que envuelve a las gambas. Y entonces pontifica: "Las gambas, seres kafkianos en forma y fondo, deudores de sí mismos, and cétera and holelá." Pero, por encima de todo, Rodrigo adora olisquear sus calcetines antes de meterlos en la lavadora, le petit plaisir, que lo llama. "Esto también es literatura, li-te-rra-tu-rra incluso" -se anuncia; y un afilado gritito mozartiano amenaza con quebrar las vírgenes de escayola en el salón, y siete mil infantas se yerguen y aplauden en espasmo coral con las pestañas a la virulé. Lo siguiente será comprar un billete para viajar a alguna parte. "Esto debe ser publicado" -se apunta. "Mímesis. Recuerdo esas escapadas... el concejal me observa, desabrido, yo lo escruto a él, descerrajado, y el olear de las olas, chapeau, la mirada del que mira, la que se curte y se tornasola, retorno de carro, titotí, titotá". Y Rodrigo se sienta de nuevo en el sofá, sin perder detalle de su reflejo en la tele apagada, preguntándose por qué el alma le huele a coliflor mustia.

Carmen, por su parte, se está descojonando viva.

viernes 29 de mayo de 2009

Ribera


Sé que estáis ahí. A medida que rondáis mi ventana aprieto con más fuerza el mango del cuchillo jamonero y me encomiendo a algo que aún no he decidido. Las tripas se me ponen del revés. Me duele, en el fondo, tener que atravesaros con la hoja de acero, pero esto es lo que hay. Me importan cada vez menos vuestras motivaciones, vuestros asuntos, los motivos por los que chilláis como maricas en una cazuela, como vedettes cornudas de la literatura digital, como putas calvas que encontraron un espejo demasiado pronto y se quedaron sin ideas. Sé que os acabaréis asomando, uno a uno, y aquí os espero, con la vena hinchada. Estoy desnudo y parezco un Ribera, pero no del Duero, y me siento tan absolutamente bello que quisiera poder follarme en esta penumbra amarillenta. Me deleito. Imagino vuestra sangre casi negra y espesa descendiendo desde el cuello a los tobillos, y empiezo a reencontrarme conmigo mismo. Podría tumbarme ahí, en el charco aún templado, y retozar como un recién nacido abrigado por la certeza de lo prorrogable y por la mano de mamá. Podría, por qué no, olvidarme de que mañana siempre amanece, de que los rostros adornados de sangre reseca bajo la luz blanca pierden todo el misticismo, ignorar que al fin y al cabo soy un hombre y nada más. Os culpo por ser tan asquerosamente feos. Os desprecio por vuestra ridícula manera de patalear para no ahogaros y ponerlo todo perdido de maquillaje barato. Algún día, algún día.

miércoles 1 de abril de 2009

Desintentar

Dicen los empiristas que hay que pensar y vivir acorde a la experiencia. Y una mierda. Encuentren el gozo en hacer algo contra toda lógica, y fracasen en el intento, una y otra vez, hasta pulir su técnica y equipararla a la pericia de un chimpancé pelando un cacahuete en el estrado del Congreso de los Diputados. Y no acierten al tratar de metérselo en la boca. Y descojónense, que es gratis, oigan; háganlo en la penumbra, mientras ahí afuera el bombardeo se agudiza y los rostros se van tensando, se estiran y se asimilan a caretas de tragicomedia. Polarícense, pero con estilo, pues sepan ustedes que la suciedad, tan sensible a lo gravitacional, tiende a ocupar los espacios cóncavos del medio, apilándose. Tiren las caretas de cartón a la basura, y fabríquense un par con algún material precioso que deje traspasar la luz a ciertas horas del día y según la incidencia del sol. Una para antes de hacer el amor, otra para después. Háganlo en casa. Truquen su caleidoscopio, utilícenlo del revés. Vean lo blanco negro, lo negro blanco. Una vez, mi psicoanalista me advirtió de que era el momento idóneo para empezar a intentar cosas. "Y una mierda" -le dije sin decírselo. "Es el momento para empezar a desintentarlo todo." 

Desintenten. Prueben a mear hacia arriba. Resulta realmente reconfortante reparar en las rendijas del rellano rellenas de residuos. Y no acudan al trabajo, por dios. En su lugar, compren lotería caducada y siéntense en la acera a observar los caminos invisibles que otros trazan. Traten de hacer tropezar con la mirada a aquellos que presenten un menor aplomo, y mimeticen el mecanismo de trastabillarse. Sosecorp sol natreivni, vacilen a la hora de subir al autobús, sientan verdadero pánico ante la posibilidad de olvidarse de cómo se traspasa una puerta. Desaprendan, vayan gateando a ver a la suegra y sean absolutamente incapaces de pronunciar una palabra, de comerse un yogur, de descifrar la hora en el reloj de la cocina de su amante. Desanden, o alguien les sugerirá que se dirijan hacia alguna parte que ustedes, probablemente, no han elegido. Hagan esto, o hagan lo contrario, pero háganlo antes de que les entren ganas reales de hacerlo y no tengan excusa para no llevarlo a cabo. Atenten, premeditadamente, contra sí mismos; cuéntense una y otra vez la verdad de las cosas y llórense los unos a los otros al descubrir que no hay nada más.
Y muéranse, esto sí, hagan el favor de intentarlo.

miércoles 18 de marzo de 2009

La vie en rose

Tenía la nariz inundada de ese sabor ácido a impacto y a sangre, el vino acabado, la ventana cerrada. Se me iban a quebrar los dientes de tanto apretarlos. Habría podido destrozar a puñetazos la habitación, arrancarme el pecho, arañarme los ojos. Pero abrí la ventana, y de nuevo esa canción acariciando los barrotes. Des nuits d'amour à plus finir, un grand bonheur qui prend sa place, les ennuis, les chagrins trépassent... Heureux, heureux à en mourir! Ya no quise volver a entrar de nuevo, salté como en aquel verano, pero no se rompieron los cristales esta vez. La luz de la farola parecía el sol recién nacido. Estaba llorando. Llorando de amor.

domingo 1 de marzo de 2009




martes 17 de febrero de 2009

Alegrías del incendio

Parece que hay un incendio, cada vez que nos juntamos.
Parece que hay un incendio, cuando tú estás a mi lado.
Parece que estoy ardiendo, cuando tú estás a mi lado, parece que estoy ardiendo.

Vamos a tener que vernos, aunque estén todos en contra.
Vamos a tener que vernos, que ellos te tienen de sobra y yo te echo de menos. Ellos te tienen de sobra, y yo te echo de menos.

Esto es para contarte, que aquí te espero,
para decirte al oido lo que te quiero, para poder decirte lo que te quiero, asi que ya lo sabes, aquí te espero.

Antes de dejar, gitana, de quererte y adorarte
Antes de dejar, gitana, se habrán secado los mares y la luz de la mañana.

Porque te llevo dentro, como a mi vida,
eres dueña y señora del alma mía.

Desde el azul del cielo, dire que apaguen el sol.
Desde el azul del cielo, pero no me pidas, no, que olvide lo que te quiero.
Pero no me pidas, no, que me olvide de lo que te quiero

Mira que eres bonita, qué guapa eres.
Eres la más bonita de las mujeres
Eres la más bonita de las mujeres
Mira que eres bonita, qué guapa eres.

jueves 29 de enero de 2009

amor.com

Hemos decidido, de mutuo acuerdo, jodernos la vida un poco.
Vamos a matar personas en las fiestas de Logroño.
Vamos a correr por las calles y a partirnos sendos morros.
Vamos a arrancar el mes de febrero y a comérnoslo todo.
Vamos a poner de art nouveau la pared del inodoro.
Vamos a fundar la isla donde se pudran los tramposos.
Vamos a llorar sin pena la marcha de Benito Floro.
Vamos a robar medallas en los juegos de Sapporo.
Vamos a follarnos como en los documentales de los osos.
Vamos a comprar el pan de la mano pero lloraremos solos.
Vamos a apilar los libros en la ventana.
Y que se los lleven todos.

martes 27 de enero de 2009

Meter la pata

Ya me parece haberte visto alejándote calle abajo, y te he maldecido. A estas alturas, te has ido ya mil veces, y creo que no puedo soportarlo. No te conozco, y aún así miras tan de perfil que te la vistes a ella por momentos, con una precisión tal que me haces dudar sobre quién llegó primero, sobre quién se fue después. Te adoro, porque la anhelo a ella, porque la quise tantas veces que ahora no tengo dónde colocar el eco de todo lo que le dije, quizá pensando en ti, que aún no habías llegado, quizá pensando en ella, la de antes de ella, la que también fue una vez el centro del cuadro y tuvo que aprender a reinventarse para no dejarlo vacío. Empiezan a cansarme las manías que volcarás en mí, pero lo compenso con los abrazos que ya me has dado, aunque no me hayas dado nada, ni siquiera un motivo para hacerlo. Quiero que sepas que eso que aún no te he dicho lo dije sin querer, porque ya sabes cómo son estas cosas. Quiero que tengas muy presente que jamás te perdonaré todo eso que aún no me has hecho, y por ello dejo constancia escrita. A pesar de todo, te mando un beso que probablemente no te llegue nunca porque lo hice antes de que llegaras. Te quería tanto que no puedo dejar de mirar los mensajes que aún no me has enviado, ahora que todavía no has pegado en la puerta y me has dejado tan solo, mirando mi propia sombra, la que mañana temprano proyectará el sol contra la acera que una vez tú y yo pisamos como si no existiera nada bajo nuestros pies. Te quiero, pero una vez más fuiste demasiado puntual, y en tu ausencia de retraso no he tenido tiempo para pensar en cómo explicarte que ya no puedo quererte porque es imposible, y con esta forma de anticiparme he vuelto a meter la pata que meteré dentro de algún tiempo.

sábado 24 de enero de 2009

Sugus de piña

Me vienes a joder los momentos que escojo para joderte yo a ti. Me siento y todo son sombras. Te vistes con las caras de otras y me bailas alrededor. Para qué, me pregunto, qué coño es lo que hago siempre mal. Deseo que te mueras, tú y tú, que voy a dar un salto que quedará registrado en el libro de los récords. El suelo está supurando ginebra, parece que se va a desangrar. Cada vez quedan menos cristales rotos en la ventana. 

Con las manos metidas en los bolsillos he empezado a pensar en ti, y los he llenado de agujeros.

miércoles 14 de enero de 2009

Champagne sobre la nieve

La verdad es que nunca he creído demasiado en lo que hago, en lo que soy. Me cuesta mirarme a mí mismo y no descojonarme vivo. Me pregunto a veces qué carajo es esa cosa naranja que lleva la fabada litoral. Ruge el microondas y todo me parece rotundamente vulgar, y a ratos me gusta, claro que me gusta. ¿Cómo inventar así grandes cosas? ¿Cómo eludir esta nadería? ¿Cómo creerse alguien en este vodevil, si cada mañana, ante el espejo, me dan ganas de partirme la cara? La literatura, la música y la pintura, otro tanto. Me aburren los juglares, también los eruditos de cartón, los panaderos que nunca han probado el pan que endosan a media ciudad y los que lo entregan mordisqueado. Lo mejor es salirse, me digo. Voy a escapar hacia dentro, con los pies en la mesa y mirando al techo. ¿Acaso hay algo más? No soy un ser humano, soy un playmobil. Tú también, aunque te resistas a soplar el castillito de naipes sobre el que te balanceas orgulloso y bobalicón cuando te abandona la lucidez. Lo único importante es la fricción genital, lo demás me huele a burdo procedimiento para la fricción genital. Mejor saltarse el protocolo. Quiero ser Ernesto de Janofa en domingo, retozar desnudo sobre la nieve y rociarme las pelotas con champagne. Saldré mañana a la calle con una sonrisa cómplice que cruzaré contigo que me lees y estás de acuerdo. Nos encontraremos en las esquinas, en los bares y comisarías, y todo estará ya dicho, y sonará esa musiquita graciosa que viene de algún rincón del universo y que suena a orgasmo y a sinergia. Nos saludaremos, comeremos juntos sin dejar de mirarnos, y apoyaremos sendas versiones ante la justicia, que nunca va a creernos. Después, seguiremos jugando un rato, hasta que nos cansemos de verdad, hasta que no podamos más, y saltaremos a la vía de la mano.

viernes 2 de enero de 2009

Feliz ano nuevo

Que sí. Que feliz dosmilnosecuantos, que el vivo a la uva y el muerto a la parra. Y venga a volar el confetti. Pero lo siento, no cuenten conmigo. Pensaba en esto la vieja noche cuando, yaciendo boca arriba sobre el suelo de mi habitación, decidió la azarosa providencia regarme el rostro con un poco de vino, así, como quien no quiere la cosa y sin embargo no hace nada por evitarla. Fue de una patada. La botella se precipitó desde el borde de la mesa, y empecé a comprender. Entendí lo que quisiste decirme aquella vez, también lo que yo te dije. Metí los morros sangrantes en el lavabo, todavía con el eco del pésame recorriéndome los lóbulos bulbogenitales, y durante unos minutos, que pudieron ser diez o pudieron ser cien, deseé que fueras tú quien estuviese bajo el agua fría. Una vez ignorada la masacre en mi cara, me puse el abrigo y salí a la calle a contar milongas impremeditadas a unas insulsas meretrices de ésas de calentarse la autoestima a tu costa y olé. Y qué más da, me dije, si mañana no recordaré nada, toda vez que el líquido rojo suele estar de tu parte en momentos de tensión autodiplomática. Pero fui víctima y culpable al tiempo de un imperdonable error de calculo; yo, tan versado en estas cuestiones. Lo reconozco. Creo que no bebí lo suficiente como para desearte un feliz año nuevo al amanecer, aunque me habría gustado poder gritártelo a la cara por última vez.

miércoles 24 de diciembre de 2008

Nostalgenital

Me desnudo.
Me despojo.
Me descargo.
Me desemboco.

A veces te recuerdo con la polla en la mano, y un iceberg afilado me separa la espalda en dos mitades precisas. Otras, simplemente, me siento huérfano y corro a buscarte golpeándome contra las paredes, alimentándome de esa adrenalina mohosa.

Me desgracio.
Me destrozo.
Me desvivo.
Me destodo.

lunes 22 de diciembre de 2008

viernes 19 de diciembre de 2008

Agoraferia

Por la Calle de los Reyes la gente huye de las bombas que caen, un rato sí y otro también, sobre sus sienes tostadas. Se alejan mordiendo el humo blanco a un palmo de sus caras de cristal, y los chinos, que siempre se apuntan a los bombardeos, corren a refugiarse tras los carteles de helados que ya nadie fabrica. Ella parece sonreír, pero es sólo la sombra en picado de otro que cae, proyectada bajo la nariz. Los chinos también se han confundido, y no tardan en rectificar los precios. Yo, en cambio, me resisto y vuelvo a resbalarme en esa acera brillante que siempre me impulsa hacia abajo. Los tengo dentro del estómago. A veces, uno se me asoma al pecho y vomita los aceros afilados de la aeronáutica inservible. Hay que ver cómo me río. Hay que ver cómo nos miran. Ellos también lo saben, pero susurran para otro lado, y ahora noto que tengo rotos los bolsillos y que me está entrando demasiado frío. He mirado la hora y siguen siendo las ocho en punto. Ya no huele a pan recién hecho, los coches destrozan el claxon y se me ha olvidado la letra de esa canción. Por un momento has pensado en subir la Gran Vía para desayunar algo, y la humedad de tu mano me ha dejado la mía para tirarla a la basura, tan temprano.

Al pisar la Plaza de España ya no estás.

martes 9 de diciembre de 2008

viernes 24 de octubre de 2008

Una gitana rubia

Una gitana rubia anuncia el alba,
de manos sucias y sin embargo blancas,
andar resuelto con aires de dama
ornada de trenzas y frente pálida.
Una gitana rubia esconde el drama,
pero se calla, pero se calla,
y a su paso firme las campanadas
de la verde muerte suenan quebradas.
Bajando el río, azogue y plata,
metiendo el pañuelo va la señora,
y con la muerte se limpia la cara,
tiznada en la sangre de las derrotas
de los rendidos, ay por esperarla,
mientras ella, guapa, canta una copla:
Que ya no hay más, que ya no hay nada.

jueves 9 de octubre de 2008

Qué manera de...

"El lobo ha salido y ha tomado la palabra, Harry, y el lobo era colchonero." Los que me conocéis bien sabíais que tarde o temprano tenía que pasar, y los que no, probablemente me toméis por un subnormal o, incluso, por un cantamañanas destemplado, un oportunista de los agüeros, un frívolo de los afectos y las fobias o, tal vez, lo asociéis sin querer a la cosa de la bipolaridad, o al síndrome Calimero. Era una pulsión reprimida, la vecina tetona tendiendo los sostenes mientras tu mujer cocina arroz con pollo, la novia de tu mejor amigo, menos guapa que la tuya, pero más feromonada y con gestos mejor estudiados. Sí, tengo que confesar que soy del Atleti, que todo mi pasado merengue ha sido una puta pantomima, o quizá, que cada vez gano menos partidos en proporción inversa a los testímulos que distraen mi concentración y mi capacidad de competir. Al igual que el primer beso, que el segundo, que el tercero, que las promesas hechas en los bancos de los parques y los orgasmos que, pasado el tiempo, ya no lo son tanto, renuncio a la plenitud de aquel 20 de mayo de 1998, a las fuentes llenas de señores gordos y catetos con bufandas blancas y los pelos de la panza marcados en sus camisas mojadas, a la seguridad de saber que los domingos me amanecerán con una señorita de confianza acariciándome la incertidumbre de los días de comida china a domicilio. Renuncio a la inercia de ganar, al síndrome de la asimilación progresiva y anodina de la sustancia, porque ahora quiero saborear cada victoria como mi primer trago de absenta en Marsella. Renuncio a la confianza. Porque yo no soy de Monet. Soy de Manet.

miércoles 8 de octubre de 2008

A Pierre Hardy

Puto soplapollas de diseño,
me cago en tu madre,
aunque ella no me conozca,
y tú tampoco a tu padre.
Qué coño hago aquí esperando,
mirando el escaparate,
si eres como cagarse encima
de un girasol a la sombra.

viernes 19 de septiembre de 2008

Tetas

Me mataste, pero qué tetas.
Tenías, y supongo, seguirás teniendo.
Bien puestas, en tu pecho, en mi cabeza.
Nunca dejaron de estar, de hecho.
Me jodiste, pero qué tetas.
Pusiste sobre la mesa, entiendo.
Que no era la única recompensa.
Pero el tiempo borra el resto.
Quedan tus tetas, hermosas,
ricas y excelsas, morenas,
traicioneras, deliciosas,
el vestido negro de seda,
qué cabrón, acariciándolas,
y el instante en esa cena,
en el que levantamos nuestras copas,
y al fondo, siempre, tus tetas.

sábado 13 de septiembre de 2008

Rabia

Llevo dentro la rabia.
Sácamela,
bésame los puños,
conviérteme en un ser humano.
A mí también me gusta pasear
y llorar en algunos cines.
Muérdeme el coraje,
y arráncamelo
con tu boca inmensa.
Y deja en su lugar
algo que tenga tu forma.
Para recordarte
cuando ya no vuelvas,
y seas tú el motivo
de la rabia.

viernes 12 de septiembre de 2008

Instrucciones para no morir de despecho

Si te deja tu novia, cómprate un perro.
Si te sientes solo, cómprate un perro.
Si te apetece pasear acompañado, cómprate un perro.
Si necesitas cariño, cómprate un perro.
Si buscas empatía, cómprate un perro.
Si adoras retozar, cómprate un perro.
Si tienes, incluso, ganas de hacer el amor, cómprate un perro.
Pero sólo si has llegado a la conclusión de comprarte un perro,
sólo en ese caso, entonces sí: búscate una novia.

jueves 11 de septiembre de 2008

Los amantes del Noviciado

Os escucho a través de la ventana del bajo donde habito, bajo. A oscuras. Que si esto, que si lo otro. Puta, puta, maricón, maricón. Un ratito callados. Y entonces me da por pensar en que quizá no seáis conscientes de que vuestra historia no se muere en un metro a la redonda, vosotros, que os creéis tan pequeños, o quizá, a ratos, tan grandes. Que a veces hay alguien que recoge y procesa los residuos de vuestra lucha. Me imagino a mí mismo en aquella desquiciada carrera por el centro de Barcelona, gritando su nombre, y ahora veo a una chica joven asomada en un balcón -nunca antes había estado ahí- codificando la información mal expresada, torpemente, por el alcohol, y sacando conclusiones, erróneas, que a su vez ha ido propagando con la creencia firme de que ésta era la verdad, tan gritada, como una sentencia, un vih vehiculado en la irrefutable realidad del instinto, del coito, de los besos que se dan por miedo, de las palabras aprendidas en otras dimensiones y que siempre acaban por salir, de las camas, al fin y al cabo, todas tan parecidas. "Te quiero, por dios, no te vayas, siempre se puede empezar de nuevo". Y era mentira.

Parece que os gusta. Sí, ya sé que el bajonazo tiene que ser como mil infiernos ardiendo dentro del estómago, pero luego os besáis las lágrimas, y os largáis con el pecho a punto de explotar, de pie y casi sin tocar la tierra, a otro rincón detrás de un coche en el que os volvéis a hacer el amor con las puntas afiladas y la certeza de que todo, incluso la plenitud, tiene fecha de caducidad. La vuestra es más inminente, pero estáis preparados. Y volvéis a ejecutar el ritual, tan entrenado, de llenaros el cuerpo de caricias y promesas, que se agotan, sí, pero quién puede decir que no, quién está a salvo, quién me puede prometer, ahora mismo, que no se sentó nunca en un escalón, al abrigo de las efímeras estupideces, y no cerró los ojos. Vosotros los lleváis siempre cerrados, y así os resulta más fácil, aunque habrá momentos, no lo dudo, en los que ese silencio os coma las entrañas. Pero son formas de hacer las cosas, y quién puede juzgar, quién puede decir que lo ha hecho mejor. Yo me miro a mí mismo, mientras os entiendo desde detrás de mi ventana, y me gustaría salir un rato a charlar con vosotros para contaros que, de un modo u otro, seguiré propagando vuestro virus aunque no lo quiera, porque ya lo llevo dentro y me ha empezado a consumir. Yonkies de Madrid. Siempre peleando por un pico, siempre peleando por un beso.

miércoles 3 de septiembre de 2008

Máquina de matar

Una máquina,
tengo que ser una máquina,
una máquina de matar,
de matar la tristeza.
De matar la tristeza.
O ella me mata a mí,
o la mato yo a ella.
Y yo soy una máquina,
una máquina de matar,
de matar la tristeza.
Hombre de vientre
y animal de cabeza.
Y revolucionario sin estrategia.
Y si hay que matar, se mata.
La tristeza que tengo, tristeza.

Pongamos por caso

Supongamos que nunca nos vimos,
que nunca dijimos,
que nunca vivimos.
Supongamos que nunca nacimos,
que nunca nos fuimos,
que nunca volvimos.
Supongamos que nunca existimos,
supongamos que nunca,
y pongamos por caso que te echo de menos.
Supongamos que nunca.

Seamos precisos

Que me cago en mi vida
es corta sentencia
para dictar lo que digo
con cierta certeza.
Que me cago en mi vida
es una torpeza.
Me recago en mi vida,
cuadremos las letras.

jueves 28 de agosto de 2008

Menos tu vientre

Menos tu vientre
todo es confuso.

Menos tu vientre
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.

Menos tu vientre
todo es oculto,
menos tu vientre
todo inseguro,
todo es postrero
polvo del mundo.

Menos tu vientre
todo es oscuro,
menos tu vientre
claro y profundo.

Miguel Hernández

miércoles 27 de agosto de 2008

¿Quién pone los nombres a nuestras calles?

Que te diera el primer beso en la plaza de los Mártires no fue casualidad. No paraba de llover, y yo me quería morir como nunca. A partir de ahí, nos llovió en cada plaza, cada noche, tanto que me pareció que en esta historia no había más remedio que mojarse. Y me mojé.

Hoy, seis años después, también llovía. Con esa frialdad tan tuya te has ido para siempre, y he pasado por la calle del Desengaño esquivando a las putas, que hoy han sido más tiernas que tú misma.


jueves 21 de agosto de 2008

Love will tear us apart

When routine bites hard
and ambitions are low.
And resentment rides high
but emotions won't grow.
And we're changing our ways
taking different roads.

Love, love will tear us apart again.
Love, love will tear us apart again.

Why is the bedroom so cold
turned away on your side?
Is my timing that flawed
our respect run so dry?
Yet there's still this appeal
that we've kept through our lives.

Love, love will tear us apart again.
Love, love will tear us apart again.

Do you cry out in your sleep,
all my failings expose?
Gets a taste in my mouth
as desperation takes hold.
Why is it something so good
just can't function no more?

Love, love will tear us apart again.
Love, love will tear us apart again.
Love, love will tear us apart again...

lunes 11 de agosto de 2008

Lo que tengo y lo que no

Tengo algunas cosas, no lo he perdido todo,
me quedan dos palabras, abrazo y destrozo,
tres recibos del VIP´s, la complicidad con los locos,
un par de libros regalados, una pizca de odio,
algunas evidencias y pocos testimonios:
nunca te dejaba que me sacaras fotos.
Tengo algunas cosas, no lo he perdido todo,
me acompaña la canción que escuchamos en agosto,
silencio, silencio, sin sorpresas, pero absortos,
en los cuadros de la colcha que tendimos nosotros,
en la cama que nunca más será nuestro reposo,
sino la tumba dulce donde escribo este responso.
Tengo algunas cosas, no lo he perdido todo,
tu mirada de perfil, las cosquillas y el co-co-co,
el gintonic junto al río bautizado por los moros, 
una tarde en Portugal con el atlántico de fondo,
y una forma de fregar imposible los recodos
de los suelos que ya no pisaré con tal decoro.
Tengo algunas cosas, no lo he perdido todo,
guardo los pañuelos donde unimos nuestros mocos,
tus dibujos distraídos en papeles entre el polvo,
los mensajes caducados, nuestra pólvora en remojo,
tus recetas de cocina y los calcetines rotos
por haberte andado tanto y haber visto tan poco.

sábado 9 de agosto de 2008

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viernes 25 de julio de 2008

Pregunten a las sardinas

Soy becario sin contrato,
pero henchido de placer,
por ser parte del sistema
que alimenta tu saber.
En verano busco temas,
con pasión de bachiller,
rellenando los cuadritos,
del reportaje del mes.

Señor Don Espetero,
tengo algo para usted:
¿Es cierto que el Numancia
es mejor que el Alavés?
- A mí no me preguntes,
yo no sé qué responder,
pregunta a las sardinas,
ellas tienen el porqué.
- ¿Hace frío en San Fernando?
¿Es bonito el Corte Inglés?
¿Cuánto cuesta una peonza?
¿Hay envidia en Santander?
¿Corta bien este cuchillo?
¿Sabe Elena lo de Inés?
¿Tiene grasa el cochinillo?
¿Es inquieto el Fox Terrier?
¿Manda mucho el vicealcalde?
¿Es barato un entremés?
¿Hay basura en la trastienda?
¿Quién ha montado el Belén?
¿Está enfermo el indigente?
¿Ha pasado el veintitrés?
¿Venden zarpa en la Zarzuela?
¿Cómo es hola en tirolés?

- Señor Don Espetero,
gracias por el interés,
el estío es muy propicio,
pa´ la cosa del leer,
las sardinas han hablado,
con soltura y lucidez,
y han echado otra manita
para el premio pulitzér.

domingo 13 de julio de 2008

sábado 24 de mayo de 2008

Así en la muerte como en la vida

Muéstrame las páginas obtusas,
enséñame la destreza del estar,
como si nada fuera relevante,
así en la tierra como en el cielo.
Guardo un par de excusas
orientadas a extirparme;
es el momento de prender
nuevos fuegos en la luna.
Mírame, acaso yo no puedo
inventarme nuestra muerte
parda en la negrura.
Unidos por el pecho
tantas veces denostado,
ahora empuñamos la mirada
vacía y virulenta,
imantada en el ocaso
de la fuerza vespertina,
así en la muerte como en la vida.

lunes 19 de mayo de 2008

Me dejo de rodeos

Me dejo las palabras
en los cantos de las hojas
que arranco en cada plaza
una vez por cada hora.
Inundo los portales
en la luz de la zozobra, 
regando los umbrales
oxidados de tu alcoba.
Me dejo los zapatos
olvidados en tu alma;
rara vez los he soltado
ignorando la nostalgia
reincidente del cansado.

domingo 18 de mayo de 2008

Advocación terrena

Para romperte los esquemas,
incido en lo de siempre,
tratados de impaciencia,
indicios que se tuercen.
Tengo una tendencia
a desechar la suerte.

Ridículo es el paso,
incluso irreverente,
de la angustia masticada,
revelada en dos vertientes.
Una, que despierta,
enmarcada entre tus dientes,
jóvenes, pero helados.
Otra, impertinente.

Entiendo tu postura,
sirva este despiece.

Para romperme los esquemas,
uso tres palabras,
tinta, sexo, espera,
a tu boca hipotecadas.

sábado 17 de mayo de 2008

A 59 segundos del final

Quiero y no puedo, mas
una vez pude odiarte,
ingenuo, nadie,
en el momento de decir que
rara vez conocí
otra como tú.

Fríamente lo espero,
oradando la pared,
las palabras muertas,
los enigmas, los silencios
asumidos sin modestia,
recogiendo en una muestra
mis mentiras bien contadas,
escondidas como restos.

Alguna vez te sentí.

Mi angustia me recuerda,
al vuelo de un insecto,
mareando un suicidio
en el cristal imposible;
nunca es imposible.

Mirándote la boca,
el sexo dibujado en
nupcias estrenadas,
días entregados a lo
irrelevante,
zarpando a otro abismo
a bordo de un papel vacío,
buscando en el cielo
abierto y cerrado, de tus
labios.

sábado 10 de mayo de 2008

El esquiador dadaísta 1:10

Para ser dadaísta, un esquiador ha de ignorar por completo que lo es, y no debe, ni tan siquiera, intuirlo. El esquiador asumirá que la autoconsciencia del ser constituye el primer paso para dejar de ser, y por ello vivirá ajeno a su calidad, a pesar de la evidencia y del punto de vista de octavas personas, respondiendo con cinismo a los requerimientos de todos aquellos que pudieren necesitar su talento vanguardista para solucionar incidencias de carácter doméstico. Un esquiador de educación dadaísta nunca hará uso de su propia identidad en tertulias de ascensor y parquímetro, y en modo alguno podrán establecerse vulgares conversaciones en torno a su hipotético estatus de esquiador. En el caso de ser descubierto, y si el contexto no facilita otra salida, el esquiador estará obligado a guardar silencio y mantener la mayoría de los dedos dentro de los bolsillos, palpando algún objeto de textura aterciopelada que favorezca la laxitud momentánea del rictus. Con la intención de diluir la curiosidad de eventuales advenedizos, el esquiador optará por rememorar con insistencia las hazañas de atletas soviéticos previas a la caída del muro de Berlín, y no acabará hasta que al menos uno de sus interlocutores se haya taladrado los oídos con un destornillador americano. El esquiador, dada su condición, ísta su timidez, escogerá precipitarse a un abismo cuatricromático con la lengua envuelta en papel pinocho antes que desnudar su anodino currículum en programas de divulgación gástrica.

domingo 4 de mayo de 2008

sábado 3 de mayo de 2008

el esquiador dadaísta 1:9

El esquiador dadaísta se muestra incapaz de atravesar una galería de arte sin sentirse parte de una dinámica perversa. Aferrado a sus propios riñones, lanzará furtivas miradas a los que miran a gente que mira a gente que mira una pintura que es observada desde el interior de un bolso de mano por un animal indescriptible que huele a fresa. El esquiador trazará dibujos en el aire con una pluma serigrafiada, la cual agitará compulsivamente, y llegará a la conclusión de que toda la escena residía ya en su hipotálamo, y maldecirá su exiguo don de la oportunidad arrastrando las suelas de los zapatos, sobre las que imprimirá una fuerza directamente proporcional a la presión que soporta su alfombrilla cada vez que un operario de telecomunicaciones aparece muerto junto al rellano. Para evitar un colapso anacrónico de fatales consecuencias, el esquiador fingirá sentirse urgido y embocará el pasillo más cercano que conduzca a los servicios públicos, y a una distancia de no menos de medio metro del umbral de los retretes cambiará súbitamente de dirección y no volverá a abrir los ojos hasta que haya tomado la calle con la cremallera del pantalón empapada en la sangre de sus propios dedos y un escalofrío calzándole las vértebras.
El esquiador, por ser dadaísta, repudia cualquier clase de pragmatismo en sus maniobras de evasión.

domingo 27 de abril de 2008

Epitafio

sábado 26 de abril de 2008

el esquiador dadaísta 1:8

Un esquiador, para ser dadaísta, debe haber padecido, como mínimo, una muerte en accidente o dos por indigestión. Tal acontecimiento será el salvoconducto de un esquiador cualquiera en un lugar cualquiera y en un tiempo cualquiera para adquirir la categoría pretendida, pero deberá ser silenciado durante un periodo que puede oscilar entre un día y una vida entera, dependiendo del sujeto. En cada caso, las autoridades llevarán a cabo las pertinentes advertencias y/o amenazas, y convocarán al esquiador para que comparezca ante un tribunal constituido por dos tercios de esquiadores rasos y un tercio menos la quinta parte de este último compuesto por imbéciles de color dorado y portadores de ilusión con flema. La quinta parte deberá ser completada mediante sorteo entre el censo de un barrio marginal donde la mitad más uno de los varones sean versados en ultraísmo de interior o hayan cocinado cordero con serrín el viernes de cuaresma de 1980. El esquiador encajará la sentencia de la peor manera posible y dedicará el resto de su vida a relatar las molestias que le ocasionare tal proceso, tanto si el mismo se saldara con la homologación para el dadaísmo de alta montaña, como si el mismo se saldase con la expulsión inmediata del aspirante y sin posibilidad de apelación.
Un esquiador, al ser dadaísta, concibe la muerte como un proceso aséptico de búsqueda de sí mismo.

viernes 25 de abril de 2008

Mis cojones, y tal vez mi palabra

sábado 19 de abril de 2008

El esquiador dadaísta 1:7

El esquiador, dadaísta de vocación, pondrá especial esmero en la ordenación alfabética de los anuncios por palabras en periódicos de tirada vecinal. Se hará cargo de las circunstancias y entenderá las urgencias del redactor que bebe un café cargado mientras su compañero yace muerto con un bolígrafo apuntillándole las entrañas, pero ello no será óbice para que tome la hoja y la devuelva corregida a los seis días de su publicación, dulcemente acomodada entre los pliegues interiores de una caja de bombones caducados. El esquiador, sensible hacia las cuestiones editoriales, abordará sin reparo la maniobra de intrusismo matinal con un paraguas enganchado en el cuello, y vomitará el zumo de naranja sobre la mesa al percatarse de que se ha tragado una cáscara de nuez.
El esquiador, como buen dadaísta, a veces flirtea con la mentira de sentirse periodista.

viernes 18 de abril de 2008

sábado 12 de abril de 2008

El esquiador dadaísta 1:6

El esquiador, si es dadaísta, abrazará con vehemencia un patrón de conducta basado en la negación. El esquiador, por ser dadaísta, asumirá de forma inequívoca todo aquéllo que no es y que no será, y todo aquéllo que no ha dicho y nunca dirá. El esquiador vivirá un negativo de su propia vida y sentirá stress cuando, de vuelta del crucero que nunca tomaría, encendiendo un puro a pesar de no haber fumado jamás, cae en la cuenta de que no ha puesto alpiste en la jaula del canario que nunca tuvo. Para un esquiador de confesión dadaísta, afirmar es claudicar, y pondrá todos los medios a su alcance para encauzar el orden natural del universo hacia el no, a pesar de lo que la razón sugiera o los indicios apunten.

Dialectõrum verbi gratia:

- ¿Desea usted una subida de sueldo?
- No, gracias.
- Quiere ser beneficiario de una felación gratuita no vinculante?
- Se lo agradezco, pero no.
- ¿Le retiro los utensilios de tortura para que pueda usted holgarse un tanto mientras procedemos a su ejecución?
- Más bien, no.
- ¿Asistió su persona a congresos de índole dadaísta en la década de los años treinta?
- Nonuncajamás.

lunes 7 de abril de 2008

Autorretrato