Muéstrame las páginas obtusas,
enséñame la destreza del estar,
como si nada fuera relevante,
así en la tierra como en el cielo.
Guardo un par de excusas
orientadas a extirparme;
es el momento de prender
nuevos fuegos en la luna.
Mírame, acaso yo no puedo
inventarme nuestra muerte
parda en la negrura.
Unidos por el pecho
tantas veces denostado,
ahora empuñamos la mirada
vacía y virulenta,
imantada en el ocaso
de la fuerza vespertina,
así en la muerte como en la vida.